Durante años, la frontera entre México y Estados Unidos se asoció con espera, trámites y complejidad. Cross Border Xpress nació para cambiar esa narrativa. Lo que inició como una solución logística para conectar de manera directa el Aeropuerto Internacional de Tijuana con el sur de California, hoy se ha transformado en algo más amplio: una plataforma de movilidad binacional que entiende el viaje como una experiencia completa.
Para Eduardo Schutte, director comercial de Cross Border Xpress, el cambio ocurrió de manera natural. Desde los primeros años, los usuarios dejaron claro que no veían a CBX únicamente como un puente fronterizo, sino como una herramienta para viajar de forma más inteligente.
“La propuesta de valor dejó de ser simplemente cruzar una frontera y pasó a ser ahorrar tiempo, reducir estrés y acceder a una red de destinos con una experiencia más eficiente”, explica.
Esa evolución también acompañó el crecimiento del Aeropuerto de Tijuana y la diversificación de destinos disponibles para los viajeros del sur de California. Hoy, CBX no solo conecta dos países: conecta dos ecosistemas turísticos, culturales y económicos.

Un articulador de experiencias
Las alianzas recientes con destinos y marcas como Xcaret, SeaWorld, Casa México y la Secretaría de Turismo de Jalisco revelan una visión más ambiciosa. CBX ya no quiere ser entendido únicamente como un punto de paso, sino como un facilitador de experiencias antes, durante y después del viaje.
La intención es integrarse al ecosistema turístico de ambos lados de la frontera para inspirar, conectar y facilitar nuevas formas de moverse. En ese sentido, CBX funciona como una puerta de entrada a destinos, atracciones, hoteles, proveedores turísticos y experiencias que antes podían sentirse menos accesibles.
Esta visión también responde a una transformación más amplia en la forma de viajar. El viajero actual busca eficiencia, flexibilidad y menos fricción. Quiere que cada etapa del trayecto sea clara, ágil y predecible.
El nuevo lujo es el tiempo
En la conversación contemporánea sobre viajes, el confort ya no depende únicamente de amenidades físicas. Hoy, reducir filas, evitar incertidumbre y simplificar procesos puede ser tan valioso como una buena habitación de hotel.
Para Schutte, el lujo más importante para muchos viajeros es la eficiencia. CBX entiende esa necesidad desde la experiencia completa: procesos digitales, tecnología biométrica, conectividad, áreas de descanso y una infraestructura diseñada para que el cruce sea más cómodo y seguro.
Pero más que un elemento aislado, lo que realmente transforma el viaje es la integración de todos esos puntos. “La reducción de fricción” es, para CBX, el factor clave. Cuando tecnología, infraestructura y servicio funcionan en conjunto, el pasajero deja de preocuparse por la logística y puede concentrarse en disfrutar el viaje.
Una identidad binacional
CBX nació como una infraestructura sin precedentes. Su desarrollo requirió colaboración entre autoridades, gobiernos y actores privados de México y Estados Unidos. Con el tiempo, esa identidad binacional se volvió parte central de su marca.
La empresa pasó de ser una obra innovadora de infraestructura a una plataforma que impulsa turismo, negocios, movilidad transfronteriza y desarrollo regional. Para Schutte, CBX no solo participa en la conversación binacional: también busca liderarla desde el turismo, el impacto comunitario y la conectividad.
En una región como Cali-Baja, donde conviven gastronomía, cultura, entretenimiento, naturaleza y conectividad aérea, el potencial todavía parece estar en expansión. CBX ve oportunidades en productos turísticos integrados, rutas temáticas, bienestar, deporte, entretenimiento y turismo de lujo.

La frontera como oportunidad
Uno de los cambios más interesantes está en el perfil del usuario. CBX sigue atendiendo a viajeros de negocios y a personas que visitan familiares, pero cada vez recibe más pasajeros motivados por experiencias: conciertos, gastronomía, escapadas de fin de semana, eventos deportivos o viajes de bienestar.
Esto habla de una nueva forma de entender la frontera. Ya no como límite, sino como acceso. Un punto desde el cual los viajeros pueden ampliar sus posibilidades de movimiento y conectar con destinos de ambos países de forma más conveniente.
La tecnología ha sido clave en esa transformación, pero CBX no plantea la automatización como sustituto de la hospitalidad. Para Schutte, la tecnología debe simplificar procesos repetitivos para que los equipos puedan concentrarse en lo más importante: atender al pasajero.
“La tecnología agiliza; las personas generan confianza”, resume.
Una nueva movilidad entre dos países
De cara al futuro, CBX busca ser reconocido como puente fronterizo, modelo de innovación turística y referente internacional en movilidad transfronteriza. Pero, sobre todo, como una nueva manera de conectar personas, destinos y oportunidades.
En un mundo donde viajar ya no empieza al abordar un avión, sino desde la primera decisión logística, Cross Border Xpress propone una idea poderosa: que cruzar una frontera también puede ser parte de una experiencia fluida, eficiente y memorable.
Y quizá ahí está su mayor aportación. No solo unir México y Estados Unidos, sino demostrar que la infraestructura, cuando se diseña con visión, tecnología y hospitalidad, puede transformar por completo la manera en que nos movemos entre dos países.
