Con la entrada (y regreso) del nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, queremos compartirte 5 datos curiosos de uno de los vehículos más importantes y seguros del mundo. Por supuesto hablamos de ‘La Bestia’, ese bunker con ruedas prácticamente impenetrable que ha estado acompañando a los presidentes de esta nación.
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Historia Centenaria con Cadillac
Desde Woodrow Wilson, quien utilizó una limusina Cadillac Serie 53 en 1919, los presidentes de Estados Unidos han elegido esta marca por más de un siglo para sus desplazamientos oficiales. La relación entre Cadillac y la presidencia es una tradición que ha perdurado a través de los años, destacando la preferencia por la seguridad y el lujo que ofrece la marca.
Apodos Navales para Autos Presidenciales
Durante las presidencias de Roosevelt, Truman y Eisenhower, dos convertibles Cadillac conocidos como «Queen Mary» y «Queen Elizabeth» transportaron a los mandatarios. Estos vehículos, nombrados en honor a los grandes transatlánticos, eran verdaderas fortalezas rodantes equipadas con municiones, radios de dos vías y generadores de alta potencia.
El Origen del Apodo «La Bestia»
Fue en 2001 cuando se comenzó a llamar «La Bestia» a la limusina presidencial utilizada por George W. Bush. Este vehículo, a diferencia de sus predecesores, fue diseñado y fabricado específicamente para cumplir con los rigurosos estándares de seguridad del Servicio Secreto de EE.UU., manteniendo los icónicos elementos de diseño de Cadillac.
Evolución del Diseño y Tecnología
La Bestia ha evolucionado a lo largo de los años, adaptándose a los cambios en la tecnología y seguridad. La versión de 2009, conocida como «Cadillac One», incorporó elementos del Cadillac DTS y fue seguida por la versión inspirada en el Cadillac CT6 en 2018, diseñada para ofrecer la máxima protección y comodidad para el presidente Trump.
Una Herencia Familiar de Aprecio por Cadillac
El propio Donald Trump compartió cómo la marca Cadillac formó parte de los momentos de lujo en la vida de su padre, Fred Trump, quien tenía la tradición de obtener un Cadillac nuevo cada dos años. Esta preferencia personal resalta no solo la afinidad de la familia Trump por esta marca sino también su impacto en la imagen y elección de vehículos presidenciales.
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Este vehículo no es solo un medio de transporte, sino un símbolo de poder, seguridad y tradición en la presidencia estadounidense, mostrando cómo un auto puede ser mucho más que solo ruedas y motor en el escenario mundial.

