«Lillo»
, la primera creación cinematográfica de Andrea Figueroa Chavez, hizo su debut el 12 de septiembre en la 18a edición del prestigioso festival Shorts México. Originaria de Morelos, México, Andrea es una graduada en cinematografía que ha sido seleccionada para el programa «Gold Rising» de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas.

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Desde la culminación de sus estudios, Andrea se ha destacado como directora, diseñadora de escenografía y autora de diversos proyectos, con «Lillo» como un faro que ilumina su camino creativo.
Desde siempre, el anhelo de Andrea fue plasmar en la pantalla grande la profunda conexión que existe entre el ser humano y su niño interior. Este deseo, combinado con la necesidad de comprender el duelo y transformarlo en belleza, dio vida a «Lillo». La historia gira en torno a un niño del mismo nombre que lucha por seguir adelante en el campo después de la muerte de su padre.

Andrea exploró con profundidad las emociones del duelo, especialmente desde la perspectiva de un niño. Al inyectar poesía y color en la narrativa de la muerte, la directora logró que «Lillo» se convirtiera en un homenaje al niño interior que reside en cada uno de nosotros y que da significado a la vida a través de la imaginación.
Para lograr que la historia trascendiera la pantalla, Andrea eligió a personas que trabajan en el campo en la vida real en lugar de actores profesionales, lo que aportó un realismo que va más allá de cualquier interpretación. Además, supervisó y diseñó personalmente todos los escenarios, el vestuario y cada detalle en la pantalla para darle profundidad a la historia.
La conexión de Andrea con «Lillo» es innegable, no solo por ser su primer trabajo, sino también porque refleja la realidad en la que creció ella y gran parte de su familia. El trabajo en el campo, similar al del niño protagonista del cortometraje, Logan Ramos, a sus doce años, es una parte fundamental de la historia de la familia de la directora.
Siempre comprometida a contar historias que reflejen la riqueza de la cultura mexicana y su gente, Andrea se aseguró de que los accesorios utilizados por los actores fueran creados por artesanos locales de Chilapa, Guerrero.
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Uno de los elementos más sobresalientes que impactó al público en esta historia fue la composición sonora y musical a cargo de Walter Thoma. Más que simplemente proporcionar una banda sonora, Andrea y Walter se propusieron crear un mundo sonoro que funcionara como un lenguaje emocional paralelo a la narrativa. La música se convirtió en un personaje principal en «Lillo,» enriqueciendo la experiencia cinematográfica de manera única.




