En un momento en el que el lujo tradicional parece repetirse a sí mismo, surgen propuestas que replantean por completo la forma de entender el viaje. Tasman es una de ellas. Más que un grupo de hoteles boutique, es una invitación a salir de la rutina, a despertar curiosidad y a convertir cada estancia en una experiencia que marque.
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Así lo explica Jaco Luchtan, fundador y director de la marca: “Lo que buscamos es que los huéspedes sientan presencia, que vivan el momento. Que vean a Tasman como una plataforma segura desde la cual puedan animarse a salir de su zona de confort y vivir experiencias que los marquen”.
Esa idea de “estar presente” es el corazón de una filosofía que va mucho más allá del diseño o la operación hotelera. Tasman nació con una convicción clara: los recuerdos que realmente transforman a una persona no vienen de lo cómodo o predecible, sino de lo nuevo, lo inesperado, lo que provoca una emoción genuina.
De la experiencia personal a una marca con propósito
La historia de Tasman no comenzó como un plan corporativo, sino como una búsqueda personal. Tras iniciar en el mundo del hospedaje con esquemas de renta tipo Airbnb, Luchtan descubrió que algo faltaba. “Me aburrí. Sentí que era un modelo muy vacío. Yo quería construir experiencias, no solo ofrecer habitaciones”, recuerda.
En 2023 tomó una decisión radical: cerrar ese esquema y empezar de cero con una marca que reflejara su propia manera de entender la vida. Amante de los deportes extremos y de la naturaleza, encontró en la hotelería un punto de convergencia entre pasión, propósito y negocio.
“Descubrí que lo que me apasiona es sentir adrenalina. Antes trabajaba para poder irme a saltar en paracaídas. Ahora mi trabajo es crear espacios donde otros puedan sentir eso mismo”, confiesa.
De ahí nació Tasman, una propuesta que hoy opera propiedades en Ciudad de México, Baja California Sur y Oaxaca, y que este año proyecta cerrar con diez hoteles en cuatro destinos.


Salir de la zona de confort, pero con intención
Para Tasman, el concepto de “experiencia” no se reduce a un spa o a un restaurante atractivo. Se trata de provocar algo más profundo: una conexión auténtica con el entorno.
Salir de la zona de confort puede significar muchas cosas. Desde un tour gastronómico bien curado en la Ciudad de México hasta aprender kitesurf en La Ventana o participar en un retiro holístico en Puerto Escondido. Cada hotel está diseñado para funcionar como un punto de partida hacia algo nuevo.
En destinos urbanos, la invitación es a explorar la cultura local; en los espacios más remotos, la propuesta se vuelve mucho más inmersiva. Casa Sal, por ejemplo, es un proyecto enclavado en la jungla oaxaqueña con apenas 10 bungalows y templos dedicados al yoga, la meditación y el bienestar. Un lugar pensado para desconectarse del ruido y reconectar con uno mismo.
“Transformar a alguien en tres noches es ambicioso”, admite Luchtan, “pero sí podemos crear momentos trascendentales. Que alguien recuerde haber aprendido kitesurf o vivido su primer temazcal gracias a nosotros. Con eso ya ganamos”.


Simplicidad con intención
Aunque los espacios de Tasman destacan por su estética sobria y natural, la verdadera complejidad está detrás de escena. La marca apuesta por una “simplicidad con intención”: ambientes que acompañan sin distraer, pero sustentados por una operación obsesionada con los detalles.
Desde rituales de bienvenida con cacao hasta protocolos diseñados para anticiparse a las necesidades del huésped, todo forma parte de un mismo objetivo: hacer que la experiencia fluya sin ser invasiva.
La anticipación es un valor clave. Un pequeño gesto –como recomendar una clase de yoga porque el huésped mencionó su interés– puede convertirse en el punto de inflexión de un viaje. Ese tipo de atención personalizada es parte del ADN de Tasman.


México como territorio ideal
Para Luchtan, el país es el escenario perfecto para esta propuesta. “México es un tesoro. Tiene ciudades vibrantes, junglas, desiertos, playas desiertas, cultura, gastronomía. No tienes que buscar en otro lugar”, afirma.
La marca ha decidido concentrar su crecimiento exclusivamente en territorio mexicano, convencida de que la diversidad del país permite crear experiencias únicas sin necesidad de replicar modelos extranjeros.
Además, el contexto actual juega a favor. Tras la pandemia, los viajeros buscan más conexión humana y menos ostentación. Proyectos holísticos y experiencias auténticas han ganado relevancia, y Tasman encaja naturalmente en esa tendencia.


Sustentabilidad como camino, no como discurso
Aunque la sostenibilidad es un reto constante, la marca ha comenzado a integrarla de manera real: eliminación de unicel y plásticos innecesarios, uso de biodigestores, energía solar y proyectos de reforestación.
En Casa Sal, por ejemplo, existe un compromiso de plantar tres mil árboles como parte del acuerdo con la comunidad local. Además, los hoteles buscan trabajar con proveedores cercanos y generar empleo en las zonas donde operan.
“Queremos que nuestros hoteles no impacten negativamente, sino que sean espacios donde la naturaleza y la comunidad coexistan de forma positiva”, explica.



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Un huésped curioso
El viajero Tasman no se define por edad o nacionalidad, sino por actitud. Es alguien entre 30 y 50 años, con ganas de vivir cosas nuevas, dispuesto a probar, explorar y dejarse sorprender.
Más que lujo tradicional, busca intención, autenticidad y momentos que valgan la pena recordar.
“Si Tasman fuera un verbo, sería awareness: estar presente, sentir el momento. Eso es lo que queremos provocar en cada persona que nos visita”.

