El 31 de marzo no es una fecha cualquiera en México. Desde hace más de una década, se ha convertido en un día dedicado a uno de los elementos más representativos de su gastronomía: el taco. Más que un platillo, el taco es una forma de comer, de compartir y de entender la cocina desde lo cotidiano.
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Su origen es tan amplio como sus variantes. Puede ser callejero o de alta cocina, sencillo o complejo, improvisado o meticulosamente pensado. Y justo esa versatilidad es la que lo ha convertido en un símbolo nacional.
Con ese contexto, distintos restaurantes reinterpretan el taco desde sus propias cocinas. Este año, uno de los ejercicios más interesantes sucede en las alturas de la Ciudad de México.
SAMOS y el taco visto desde otra perspectiva
Ubicado dentro del Ritz Carlton en la Ciudad de México, SAMOS propone, de la mano de la chef Nayeli Caballero, una lectura distinta del taco. Su cocina, que ya tiene un enfoque contemporáneo sobre la gastronomía mexicana, aprovecha el Día del Taco para construir un menú especial que mantiene la esencia, pero cambia el lenguaje.
Aquí no se trata de reinventar el taco, sino de observarlo desde otro ángulo: ingredientes bien seleccionados, técnicas cuidadas y combinaciones que buscan profundidad sin perder identidad.
El resultado es un menú que se mueve entre lo reconocible y lo inesperado.
Del desayuno a la mesa: el taco como punto de partida
La experiencia comienza desde la mañana con una versión que mira hacia lo clásico: tacos de barbacoa acompañados de salsa martajada, tortilla adobada, crema ranchera, tomatillo y cilantro. Un formato que respeta la tradición, pero que se ejecuta con precisión.
A esta base se suma la cochinita pibil con salsa xnipec, limón y cilantro, una propuesta que mantiene el perfil ácido y especiado que caracteriza a este platillo del sureste.
Ambas opciones funcionan como una entrada directa a lo que representa el taco: sabor, textura y contraste.
Una carta que explora distintos caminos


Ya en el menú de comida y cena, la propuesta se amplía. SAMOS presenta distintas interpretaciones que parten del taco, pero lo llevan hacia territorios más específicos.
El taco de cerdo con pork belly frito, queso canasto con chiltepín y aguacate se construye sobre una combinación de grasa, picante y frescura. Por otro lado, el taco de placero, con chile poblano relleno de picadillo y queso vegano, acompañado de caldillo con epazote, arroz rojo y frijoles charros, propone una opción que dialoga con lo tradicional desde una lectura contemporánea.
Entre las propuestas más interesantes aparece el taco de marlín con chile güero y queso Oaxaca ahumado, donde el sabor del mar se mezcla con elementos profundamente mexicanos.
También destaca el taco campechano, que reúne suadero, asada, longaniza de pollo, pápalo, guiso de habas y nopal asado, en una combinación que juega con distintas texturas y capas de sabor.


Un pretexto para mirar lo cotidiano con otros ojos
Más allá del menú, lo interesante de esta propuesta es cómo un platillo tan cotidiano como el taco puede transformarse sin perder su esencia. En SAMOS, el taco deja de ser solo un antojo rápido para convertirse en una experiencia que se piensa desde el detalle.
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Celebrar el Día del Taco en un espacio como este no cambia lo que representa el platillo, pero sí abre una conversación distinta: la de cómo la cocina mexicana puede moverse entre lo popular y lo sofisticado sin perder coherencia.
Al final, el taco sigue siendo el mismo. Solo cambia el contexto desde donde se observa.

