En una feria donde la mirada se detiene en pintura, escultura y diseño, el tequila encuentra también su lugar. Tequila 1800 vuelve a ZsONAMACO en 2026 y suma ya dieciocho años dentro de la feria, una presencia constante que ha ido desplazando la bebida del territorio gastronómico al cultural.
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Más que un patrocinio, la participación funciona como una extensión natural de la relación entre el destilado y la creación artística. El booth de este año se centra en 1800 Colección, una serie de licoreras intervenidas por artistas que se conciben como piezas para exhibirse antes que para servirse. Cada botella se piensa desde la lógica del objeto de arte: limitada, numerada y destinada al coleccionismo.
El espacio también introduce un nuevo elemento editorial: la presentación de The Art of Tequila: Spirit of Mexico, publicado por Assouline.

El tequila como narrativa cultural
El libro propone una lectura distinta del tequila. No lo aborda únicamente desde la producción ni desde la degustación, sino como un símbolo cultural en constante transformación. A través de imágenes de archivo, botellas fotografiadas como esculturas y escenas de la vida cotidiana mexicana, la obra recorre su trayectoria desde los campos de agave hasta su presencia global.
Su autor, el crítico cultural Suleman Anaya, plantea el destilado como un puente generacional. “El tequila cuenta la historia de un México en movimiento”, escribe, situándolo entre herencia artesanal e imaginación contemporánea.
El recorrido visual incluye destilerías históricas, tradiciones ecuestres y expresiones populares, pero también intervenciones artísticas que reinterpretan la botella como soporte creativo.

La botella como lienzo
Una de las ideas centrales del proyecto es que el tequila no termina en el líquido. También existe en su contenedor. A partir de esa premisa, distintas casas han desarrollado colaboraciones con artistas que transforman la botella en obra.
En el caso de 1800, aparecen nombres como Pedro Friedeberg, Jean-Michel Basquiat y Leonora Carrington dentro de series donde el envase se vuelve parte de la narrativa artística. Cada edición funciona como registro de un momento creativo específico.
El libro también revisa proyectos de otras casas tequileras vinculadas al arte. Dobel presenta ediciones como Grandes Maestros: Francisco Toledo y Dobel Atelier, cuyas botellas pintadas a mano se numeran individualmente. Reserva de la Familia, por su parte, mantiene una tradición anual de colaboración con artistas contemporáneos como Ana Segovia y Dr. Lakra.


Un objeto cultural en evolución
Bajo esta perspectiva, el tequila deja de entenderse solo como bebida. Se acerca más a una pieza cultural en movimiento, capaz de dialogar con diseño, artes visuales y coleccionismo. Su valor no reside únicamente en el proceso de elaboración, sino en la forma en que distintas generaciones lo reinterpretan.
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La presencia de Tequila 1800 en ZsONAMACO funciona así como una continuidad lógica: el destilado dentro del mismo espacio donde se observan otras formas de creación contemporánea.
Entre stands, obras y recorridos, la botella se integra al circuito artístico. Y por un momento, el brindis se vuelve parte de la exposición.

