En el continente asiático, en uno de los países con mayor reserva de gas y petróleo, hubo una vez un sultán con una increíble colección de autos de lujo. Pero ahora, no quedan más que sus vestigios y sólo se están pudriendo en medio de la selva.
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El sultán de Brunéi, Hassanal Bolkiah, es el propietario de esta curiosa colección de autos abandonados en la selva. En 1984, llegó a ser catalogado como el hombre más rico del mundo.
Su riqueza estuvo valuada en hasta 40 mil millones de dólares pero se creía que la cifra verdadera podría ser el doble al contar las propiedades repartidas entre los demás miembros de la familia.
Y como todo hombre rico, el sultán no escatimaba gastos al adquirir artículos lujosos: mansiones, obras de arte exclusivas y obviamente no podían faltar los autos de super lujo. Hassanal fue el propietario de la colección privada más cara del mundo, valuada en 5 mil millones de dólares. Aunque el verdadero gusto por los motores venía de su hermano menor, Jeffrey, conocido como el ‘Playboy de Brunéi’ por sus excentricidades.
La gran colección constaba de 600 Rolls-Royce, 400 Bentley, 200 Ferrari y 200 BMW. Sin embargo no sólo se trata de la exorbitante cantidad de autos, sino también la exclusividad y rareza de algunos de ellos.
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Desde ediciones limitadas como un par de Mercedes-AMG CLK GTR, algunos McLaren F1 LM, e incluso una quintilla de Bugatti EB110. Hasta modelo hechos especialmente para la familia real con especificaciones únicas como Bentley Dominator, un Ferrari FX y un Ferrari F12M.
Sin embargo, en 2002, las acciones y la fortuna del sultán y su familia fueron mermando y se vio en necesidad de poner algunos autos a la venta. La sorpresa fue cuando uno de los compradores potenciales, Michael Sheehan, documentó el pésimo estado en que se encontraban la mayoría de los vehículos. Las condiciones climáticas en un garage sin la ventilación adecuada había podrido la piel del recubrimiento y oxidado gran parte de la carrocería.
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Además que la mayoría de los autos nunca habían recorrido ni un solo kilómetro, por lo que tanto años después quedaban inservibles e imposibles de reparar. Debido al fracaso el sultán decidió cerrar para siempre su garage y dejar ahí los autos.

