A mediados de agosto, Italia cambia de ritmo. Las ciudades se vacían parcialmente, las comidas se alargan y la rutina cede terreno a una costumbre que lleva siglos formando parte del calendario: Ferragosto. Más que una fecha festiva, el 15 de agosto se ha convertido en una invitación colectiva a hacer una pausa y disfrutar el verano sin demasiadas complicaciones.
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Esa manera de entender la temporada es la que Don Nino quiere trasladar este mes a Ciudad de México. La propuesta no intenta reproducir una celebración italiana a miles de kilómetros de distancia, sino acercarse a uno de sus gestos más cotidianos: sentarse un momento, compartir algo dulce y continuar el día con un gelato en la mano.
Porque Ferragosto también se reconoce en esos pequeños rituales. Una comida larga con amigos, una caminata cuando baja el calor o una parada espontánea frente a una gelateria pueden explicar la celebración casi tan bien como cualquier referencia histórica.
Una tradición italiana que se vive sin prisa

Los orígenes de Ferragosto se remontan a la Antigua Roma y, con los siglos, la fecha terminó integrándose profundamente en la cultura italiana. Hoy sigue asociada con vacaciones, reuniones familiares, viajes y largas jornadas de verano donde descansar también forma parte del programa.
En ese contexto, el gelato ocupa un lugar particularmente natural. En Italia no necesariamente se reserva para el final de una comida formal: puede acompañar un paseo, aparecer a media tarde o convertirse simplemente en una excusa para encontrarse con alguien.
Don Nino retoma precisamente esa dimensión cotidiana. Su propuesta parte de recetas tradicionales desarrolladas por el Maestro Gelatero Francesco Mastroianni, reconocido en distintas competencias internacionales, y el producto se elabora en Italia con la intención de conservar las características de un gelato auténticamente italiano.
Así, la celebración de Ferragosto encuentra en México una interpretación bastante sencilla: no hace falta convertirla en un gran acontecimiento. Basta con recuperar la idea de disfrutar el tiempo de otra manera.
De Italia a las calles de Ciudad de México
El vínculo entre ambas ciudades resulta especialmente interesante en la nueva ubicación de Don Nino en Roma Norte, un barrio donde caminar, detenerse en una terraza o extender la sobremesa son ya parte natural de la vida cotidiana.
La apertura en Chihuahua 113 se suma a los espacios de Polanco y Parque Delta, ampliando la presencia de la firma en la capital y acercando su propuesta a una de las zonas con mayor actividad gastronómica de la ciudad.
Más allá del producto, el atractivo está en la familiaridad del ritual. Pedir un gelato y salir a caminar puede sentirse completamente italiano y, al mismo tiempo, perfectamente compatible con una tarde en la Roma.
Ese cruce cultural permite que Ferragosto encuentre una versión propia en CDMX. No hay necesidad de replicar literalmente las vacaciones italianas para entender su esencia: compartir tiempo, comer algo que disfrutas y permitir que durante unos minutos no exista demasiada urgencia.
Un verano que también se saborea
La llegada de Ferragosto a Don Nino pone el foco en una parte de la cultura italiana que suele quedar detrás de sus grandes recetas: la importancia de disfrutar.
Una mesa al sol, una conversación que dura más de lo esperado o un gelato después de comer son escenas sencillas, pero forman parte de esa filosofía donde el placer cotidiano merece su propio espacio.
Este agosto, la invitación es justamente esa. Descubrir Ferragosto no como una festividad ajena, sino como una pequeña licencia para cambiar de ritmo durante unas horas.
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Dónde encontrar Don Nino en CDMXPolanco:
Lamartine 300, Miguel Hidalgo.
Parque Delta: Centro Comercial Parque Delta.
Roma Norte: Chihuahua 113, Local 1 — nueva apertura.
Horario: lunes a domingo, de 8:00 a 23:00 horas.
