Algunos proyectos gastronómicos crecen sin cambiar demasiado. Simplemente encuentran nuevos espacios donde seguir siendo ellos mismos. Así funciona Los Caramelos, la taquería creada por el chef Bernardo Bukantz que ahora abre en la Condesa con una idea clara: seguir siendo un puesto… pero bajo techo y con barra incluida.
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El lugar parte de una premisa sencilla. Primero tacos, luego todo lo demás. La nueva sede mantiene la lógica directa que hizo famoso al pequeño local de la Roma Norte, aunque ahora la experiencia se alarga. Se puede llegar por hambre y quedarse por el ambiente.
Tacos con memoria norteña

El centro de todo sigue siendo el mismo: tacos de diezmillo de res estilo Sonora cocinados lentamente en su propio jugo. La carne queda suave y brillante, con ese punto meloso que dio origen al nombre del proyecto.
Se sirven en tortillas de harina pequeñas, acompañados por frijoles bayos con tocino, cebollitas con “veneno” y un consomé que no se raciona. Más que un complemento, funciona como parte del ritual. Cada elemento mantiene la sensación de comida franca, directa, sin adornos innecesarios.
La receta no busca reinterpretaciones ni versiones modernas. Su atractivo está justamente en la fidelidad al origen.
Una taquería que esconde otra cosa

La diferencia aparece al cruzar el espacio. Detrás de la fachada de taquería vive un bar oculto con estética contemporánea y guiños mexicanos. La música, la rocola y la coctelería cambian el ritmo de la noche y convierten la cena en sobremesa larga.
No es un speakeasy solemne ni un bar formal. Funciona como extensión natural del taco: informal, relajado y pensado para quedarse sin mirar el reloj.
Crecer sin abandonar la banqueta
Lo que comenzó hace tres años en Bajío 321 era un puesto discreto enfocado exclusivamente en una preparación. Esa concentración en un solo platillo terminó por darle identidad. Hoy, con dos direcciones activas, el proyecto crece sin complicar la fórmula.
Incluso fuera del local, la experiencia continúa. Los Caramelos también llega a domicilio, manteniendo el mismo menú y la misma intención: comida bien hecha, sin pretensión.

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Entre mesas, barra y pedidos para llevar, el concepto confirma algo simple. La cocina honesta no necesita reinventarse; solo encontrar nuevas formas de quedarse.

