En una antigua vecindad de Manzanillo 47, los pisos de principios del siglo pasado permanecen en su sitio, pero ahora conviven con herrería reinterpretada, piezas de arte contemporáneo, molduras neoclásicas y habitaciones donde ninguna intención parece ser pasar desapercibida. Así se presenta Máximo México, la nueva propiedad de OHHospitality en la Roma Sur.
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El hotel trabaja bajo una premisa sencilla y bastante alejada del minimalismo que dominó durante años buena parte de la hospitalidad contemporánea: “Más es Más”. En lugar de reducir elementos, Máximo superpone épocas, materiales, estilos y obras para convertir una construcción histórica en un espacio deliberadamente ecléctico.
Son apenas 16 habitaciones, una escala que permite mantener el carácter doméstico de la antigua vecindad y, al mismo tiempo, hacer que la experiencia se parezca más a hospedarse dentro de una colección privada que a entrar en un hotel convencional.
Una vecindad que decidió conservar sus cicatrices

La intervención arquitectónica estuvo a cargo de Edgar Nacif y partió de respetar buena parte de la memoria del edificio. Se conservaron los pisos originales, mientras que la herrería fue transformada incorporando referencias al art nouveau y art déco. Piedra, cerámica y molduras de inspiración neoclásica completan una mezcla que evita reconstruir el pasado como escenografía.
El interiorismo fue desarrollado por el equipo creativo de OHHospitality, que tomó precisamente esas diferencias como materia prima. Aquí, un objeto no necesariamente tiene que pertenecer a la misma época que el de al lado para funcionar. El contraste es parte del lenguaje.
También explica por qué el hotel se siente más cercano a una casa intervenida con el paso de los años que a un espacio diseñado bajo una única fórmula estética.
Máximo forma parte de una manera de entender la hospitalidad que el grupo denomina Homemade Hospitality: una aproximación hecha en México que busca trasladar cierta intimidad de casa al servicio. OHHospitality ha trabajado anteriormente con inmuebles patrimoniales en destinos como Ciudad de México, San Miguel de Allende, La Paz, Puerto Escondido y Tulum; Máximo representa su interpretación más abiertamente maximalista hasta ahora.
Dormir dentro de una exposición

El arte no quedó reservado para el lobby. Está repartido por habitaciones, patios, corredores y espacios comunes bajo una curaduría dirigida por la artista, escritora y maestra Karla Rojo de la Vega. La primera exposición reúne obra de creadores como Alexandra Roca, Ana Armitage, Chris Koehn, Claudio Mansour, Germán Ortega, Gustavo Argüello, Laura Palma, Mikel Parra, Octavio Coutiño, Salvador Sierra, Ximena Gamboa y la propia Rojo de la Vega, entre muchos otros.
La diferencia frente a una galería tradicional está en la convivencia. Las piezas aparecen en espacios que se usan: junto a un sillón, al cruzar un corredor o dentro de una habitación. No existe una distancia ceremonial entre huésped y obra.
Esa intención también permite que la colección pueda evolucionar con el tiempo. Más que presentar al hotel como una exhibición terminada, Máximo propone un espacio susceptible de cambiar con nuevas obras, visitantes e interpretaciones.

Las habitaciones siguen esa misma lógica. Los estudios integran zonas de descanso y estancia; algunas categorías añaden balcones que abren el cuarto hacia la ciudad, mientras que la Cinematic Suite lleva la propuesta a un terreno más lúdico con tina y proyector para crear una pequeña sala de cine privada.
Un nuevo vecino en Manzanillo
La inauguración se celebró el 30 de julio de 2026 con un recorrido curatorial, un encuentro con artistas y la presentación de la primera edición expositiva, también titulada Más es Más. La intención es que la propiedad funcione no solo como alojamiento, sino como punto de encuentro para viajeros, creadores, coleccionistas y personas interesadas en diseño y cultura.
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Ese planteamiento resulta particularmente pertinente en la Roma Sur, un barrio donde todavía es posible encontrar una mezcla menos uniforme entre casas, pequeños negocios, talleres y nuevos proyectos creativos.
Máximo México no intenta borrar esa historia para insertar un hotel. Hace justamente lo contrario: utiliza una vecindad existente como estructura para crear algo nuevo y permite que sus distintas épocas sigan siendo visibles.

Las tarifas publicadas van de $2,500 a $5,500 MXN, dependiendo de la habitación.

