Hay cocineros que perfeccionan técnicas. Otros que exploran lo artístico. Pía Quintana hace ambas cosas, pero lo suyo va por otro camino: cocina con presencia. Cada platillo, por complejo o simple que parezca, tiene detrás una pregunta clara: ¿qué emoción quiere provocar?
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Su trayectoria incluye nombres y lugares que imponen respeto: El Bulli, cenas para Jennifer Aniston, Joe Dispenza, incluso para líderes internacionales. Pero más allá de los reflectores, Pía mantiene una línea clara: no cocina para impresionar, cocina para conectar. “Uso los mejores ingredientes, cuido cada detalle, y siempre busco ese elemento que sorprenda, que no sea común. Puede ser una chicatana, un chile raro o un vino que descubrí en un viaje”.
Íntimo, simple, emocional

Su proyecto actual, Índigo by Pía, no es solo un catering. Es una experiencia pensada para ir más allá de la comida. “Pregunto todo: ¿qué se celebra?, ¿qué quiere sentir la persona?, ¿qué no le gusta? No es solo una cena. Es una memoria que se construye desde el primer bocado”.
Y aunque ha trabajado en cocinas de renombre, su respeto por lo simple no ha cambiado. “Una tortilla con buen maíz, un jitomate en su punto o un callo impecable pueden decir más que un plato con diez cosas encima”.
Cocina que acompaña
Fuera de los eventos privados, Pía también busca acercar la cocina a quienes la ven como algo lejano o complicado. A través de su plataforma @salyespecias y de sus libros, comparte recetas que más que instrucciones, son invitaciones a perderle el miedo al sartén. “Cocinar puede ser terapéutico. Te conecta contigo y con los demás”.
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Tiempo presente, futuro abierto
Si su vida fuera un menú degustación, dice que está “en el tercer tiempo”. Pero no suena a prisa, más bien a convicción: hay mucho por hacer y aún más por saborear. Y cuando se trata de lo esencial, no duda: “Un buen aceite de oliva, sal, y limón. Eso lo transforma todo. Y claro, el maridaje perfecto siempre es la compañía”.

