En 2012, cuando los tequilas blancos de alta graduación todavía ocupaban un territorio de nicho, Casa Herradura lanzó una producción limitada que permitía acercarse a su destilado de una manera menos intervenida. La botella desapareció de los anaqueles, pero no de la memoria de coleccionistas y aficionados.
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Catorce años después, Directo de Alambique regresa como la primera entrega de una nueva etapa para Colección de la Casa, una serie anual mediante la cual Tequila Herradura explorará distintas expresiones de sus procesos, su conocimiento técnico y una historia que supera los 155 años.
No se trata solamente de recuperar una etiqueta del archivo. Su regreso ocurre en un momento en el que una nueva generación de consumidores busca comprender qué sucede antes de que el tequila llegue a la botella: cómo se cocina el agave, qué aporta la fermentación y cuánto del carácter original permanece después de la destilación.
La intensidad también puede ser precisa

Como anticipa su nombre, Directo de Alambique se embotella a una graduación cercana a aquella con la que el tequila concluye su destilación. Al reducir la intervención posterior, la concentración permite percibir con mayor claridad el agave, la textura y los aromas generados durante el proceso.
La expresión alcanza 55% Alc. Vol., el porcentaje más alto utilizado hasta ahora por Casa Herradura en uno de sus lanzamientos. La propia información de Brown-Forman confirma esta graduación para el mercado mexicano.
Su elaboración comienza con agave azul Weber cocido lentamente en hornos tradicionales de barro durante más de 26 horas. Después pasa por una fermentación natural al aire libre, realizada cerca de distintos árboles frutales, y una doble destilación en alambiques.
El resultado es un tequila blanco que no intenta suavizar todos sus bordes. Su intensidad forma parte de la experiencia, aunque se encuentra acompañada por una construcción aromática que evita reducirlo únicamente a su potencia alcohólica.
Agave, fruta y un giro inesperado

En nariz y boca aparecen notas de agave cocido y fruta fresca, seguidas por hierbas secas y cítricos. El matiz más inusual recuerda al aceite de oliva, aportando una sensación vegetal y ligeramente untuosa que conduce hacia un final largo.
Esa estructura permite beberlo derecho para apreciar la concentración del destilado o servirlo en las rocas, donde la dilución gradual abre sus distintas capas. También puede funcionar en coctelería, especialmente en preparaciones breves que respeten su carácter y eviten cubrirlo con demasiados ingredientes.
Más que presentar la graduación como un desafío, Directo de Alambique la utiliza como una herramienta sensorial. Cada grado adicional conserva parte de la personalidad desarrollada durante la fermentación y la destilación, haciendo visible —o, mejor dicho, bebible— una etapa que normalmente permanece dentro de la producción.
El comienzo de una colección anual

Directo de Alambique estará disponible mediante una asignación limitada y numerada en mercados clave y establecimientos seleccionados. Su regreso inaugura una serie anual que permitirá a Casa Herradura revisar procesos históricos, recuperar ideas y desarrollar nuevas expresiones a partir de su oficio tequilero.
William Brooks, embajador global de Tequila Herradura, lo define como “una expresión sin filtrar de nuestro proceso, nuestra disciplina y nuestro respeto por el agave”.
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La frase resume la intención detrás de la botella. Directo de Alambique no busca disfrazar su fuerza ni convertir la tradición en una pieza inmóvil. Su propuesta consiste en llevar más de 155 años de conocimiento hacia un formato que se siente actual: intenso, transparente en su origen y dispuesto a mostrar el tequila antes de que pierda la huella del alambique.


